domingo, 3 de junio de 2007

El secreto de la felicidad

Cuando tenía 12 años vinieron a la escuela a hacernos una serie de test psicológicos y de aptitud. Algunos salimos bien parados, y mira, nos recomendaron para que continuáramos estudiando, y que nuestros padres hicieran lo posible por que llegáramos a la universidad.

¿Qué responsabilidad a los 13 años?, y para los padres no menos. Ojo, que tienen el futuro en sus manos, hay potencial, no lo tiren por la borda.

A mi, en concreto, el coeficiente me salía en la media tirandillo a alto, y mis aptitudes eran cientificotécnicas. Claro, así dicho, uno se podía preguntar, ¿seré cientificotécnico de mayor?. ¿Dónde se aprende eso?, ¿se nace?, ¿me saldrá un bulto?, ja, ja.

Así que mis padres, también un poco confusos, fueron a preguntar al director de la escuela.

Y mi hijo, ¿que puede estudiar?, ingeniería, física, matemáticas, arquitectura. Esta última es la que más ilusión le hacia a mi madre, aunque abogado le gustaba más, pero el test decía que no tenía grandes aptitudes verbales. Ay, las madres. (A la mía la quiero a rabiar).

El director, una gran persona, y a la que creo que debemos mucho mis compañeros de colegio de entonces y yo, le dijo a mi madre lo siguiente:

Mire Sra. no se preocupe tanto, esto es una cosa que manda el ministerio, ahora no hay que decidir nada. Sin embargo, lo más importante no es que haga aquello para lo que su hijo esté más preparado, sinó que haga lo que más le guste. Y que lo que haga, lo haga bien e intente ser siempre el mejor. Ya sea ingeniero o fontanero.

Cuando mi madre me lo contó me quitó un gran peso de encima. Y ese consejo ha sido para mi casi un lema personal, como lo llama una persona que aprecio mucho.

El otro día escuché una frase que me recordó este pensamiento:

"El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que quieras, sinó en querer siempre lo que hagas."

Es emocionante. Solo tenía que escucharme a mi mismo. A veces, cuando más lo necesitas, sin buscarlo, la clave de las cosas, que parece oculta, aflora. Algo que siempre estuvo allí, oculto en una caja, debajo de otras, llenas de polvo en el desván de la memoria, se te deposita en las manos. Y te ayuda a abrir esa puerta.

De hecho, me ha ayudado a abrir varias a la vez.

No perder lo fundamental, hoy, en estos días de vertigo, es imprescindible. Y a veces, resulta muy complicado.

Pero el optimista que hay en mi no me deja desfallecer, caramba.

Así que pondré toda la carne en el asador y llegaré hasta donde me propuse. Con todas mis energías. Y cuando lo termine diré, ahí queda eso. Entonces buscaré algo nuevo que quiera hacer, y renovaré mis energías y volveré a dejarlas ir todas en ello.

Seguiré mi lema, si algo no me llena, lo termino y cambio.
Buscaré nuevos proyectos, y querré hacerlos.

5 comentarios:

Arual dijo...

Un post positivo como el tuyo era justo lo que hoy necesitaba, gracias Adolfo!!

Adolfo dijo...

De nada hermosa. Yo he leido el tuyo y también me ha gustado el tuyo. No eres para nada Darth Vader, si acaso de chocolate, dulce.

Pero respecto a mi post, el que no se consuela es porque no quiere. Ja, ja.

Anónimo dijo...

Si, cuánta razón tienes en tu escrito. Recuerdo un profesor que nos decía que teníamos que hacer las cosas con gusto.

Se tarda mucho tiempo en aprender lo sencillo, lo imprescindible.
Salud!

Duna dijo...

A mi mis padres me intentaron inculcar 'conformismo' y mensajes que me facilitaran ser feliz. Sin embargo, cada uno tiene lo que tiene dentro, y yo creo que tengo una inconformista que se conforma. Pero sí, ojalá los mensajes pudieran aplicarse sin demasiada dificultad...

Adolfo dijo...

@Duna: Si, el mensaje es sencillo. Pero aplicarlo no lo es tanto, tienes razón. Además estas cosas se te olvidan con el ajetreo de los días, y pasan 5 años y de repente te encuentras en un lío, en el que no sabes como te has metido. Y sales como puedes.
Mis padres me inculcaron muchas enseñanzas, pero como dice la canción que tienes en tu post, también alguna frustración. Tenemos referentes. Un abrazo cálido para la conformista más inconformista.

@Juan: Razón la tenía el maestro, pocos buenos he tenido, pero creo que algo me ha quedado. También es difícil conservar ese poso disuelto, y mantenerlo en la botella sin que se vaya al fondo.